PEDAGOGIA DE LA EVANGELIZACION

 

Hola, bienvenidos a este nuevo encuentro. Luego de haber periodizado con Pineau, de haber comparado dos corrientes colonizadoras con Solari y leído un capítulo de Puiggrós, vamos a volver a Solari para profundizar la cuestión. En esta oportunidad no será necesario descargar ningún material adicional, ya que aquí se encuentra transcripto un fragmento del capítulo 1 -desde la página 11 a la 17- del libro de Solari: "Historia de la educación argentina".  

Para descargar el material de lectura y las actividades, haga clic en el siguiente enlace: https://drive.google.com/file/d/1qMZcsGnTyDBPf36SNnAORAzgLPpPoJuu/view?usp=sharing




También puede leer la versión online desde aquí

Situación del elemento indígena. El descubrimiento y la conquista del Nuevo Mundo planteó a España una serie de problemas, entre ellos el de determinar si los pobladores aborígenes debían o no ser considerados como seres racionales. Algunos, como el jurista Juan Ginés de Sepúlveda-, negaban a los indígenas el carácter de seres racionales y sostenían que por ser bárbaros, estaban condenados a la esclavitud. Otros en cambio, como fray Bartolomé de las Casas, defendían su racionalidad y sus derechos. La polémica doctrinaria, que en algunos momentos fue ardorosa, quedó definida en el Congreso de Teólogos y Filósofos, reunido en Valladolid en 1550, que reconoció a los aborígenes los derechos del hombre condensados en las Leyes de Indias.

Desde mucho antes, sin embargo, los reyes habían puesto de manifiesto su preocupación por los pobladores autóctonos dé América, tratando de ampararlos y protegerlos en sus personas y bienes y de civilizarlos, convirtiéndolos a la religión católica. Ya Isabel de Castilla había expresado en su testamento su deseo de que no se consintiera que "los indios vecinos y moradores de las dichas islas y tierra firme, ganadas y por ganar, reciban agravio alguno en sus personas y bienes: más manden que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido lo remedien". Más tarde, las Leyes de Indias fijaron la situación jurídica de los indios como "seres libres y no sujetos a servidumbres", por ser la esclavitud contraria a la ley de Dios.

Legalmente, los indígenas fueron considerados como vasallos libres y, al mismo tiempo, equiparados a menores. Esto condicionaba su libertad, pues la colocaba bajo una tutela o protección. Frecuentes fueron las cédulas reales que, con un tono plausible de elevación moral, ordenaban el buen trato, la educación y conversión de los indios. En este sentido un documento oficial, la Real Cédula de 1509 expresaba:

"Mi principal deseo ha sido y es... que los indios se conviertan a nuestra Santa Fe Católica, para que sus almas no se pierdan: para lo cual es menester que sean informados en las cosas de nuestra Santa Fe Católica... con mucho amor, para que los que se hayan convertido a nuestra Santa Fe, perseveren en ella, y sirvan a Dios como buenos cristianos; y los que no se hubieran convertido hasta ahora, se conviertan lo más pronto que ser pueda".

La costumbre de repartirse los indios entre los colonizadores españoles, generalizada en los primeros tiempos de la conquista, pronto fue encauzada por la legislación con el establecimiento de encomiendas y reducciones. La encomienda fue una institución por la cual un grupo de familias de indios quedaba sometido a la autoridad de un español, que se obligaba a proteger y cristianizar a los indígenas que se le habían confiado. Los indios no repartidos en encomiendas fueron agrupados, aislados de los españoles, en pueblos que al quedar bajo la dependencia de un corregidor tomaron el nombre de corregimientos.

Tanto el encomendero como el corregidor tuvieron como misión ineludible la de educar a los indígenas, adoctrinándolos en los principios de la religión católica. Es claro que, en muchísimos casos, hubo una gran diferencia entre la teoría y los principios legales, por un lado, y la concreta situación de los aborígenes, por otro. En realidad, como ha observado José María Ots, existió un positivo divorcio entre el "derecho" y el "hecho":

Una fue la doctrina declarada en la ley y otra la realidad de la vida social. Por eso, más de una vez por encima de las disposiciones reales, predominó el primitivo derecho de la conquista, que dejaba a merced del vencedor la persona y los bienes del vencido.

 

La educación de los indígenas.

El problema de la educación de los pobladores autóctonos de América fue resuelto en la práctica, rápidamente. Los religiosos, que llegaron al Nuevo Mundo junto con los conquistadores, se dedicaron en seguida a difundir entre los aborígenes los principios religiosos. Desarrollaron así una amplia acción educativa, con la que trataron de lograr, por medio de su conversión al cristianismo, la incorporación del elemento autóctono a las formas de vida de la civilización. A la acción espontánea de los "doctrineros" —primeros educadores que actuaron en América—, siguió más tarde la acción sistemática desarrollada por las distintas órdenes religiosas y la preocupación que por la educación de los indios mostró continuamente la monarquía.

La acción de los religiosos no se limitó a la instrucción religiosa de los indígenas; tendió a darles una formación práctica. Tal tendencia fue iniciada por fray Pedro de Gante que organizó, en México, el Colegio de San Francisco (1523), en el cual enseñó a niños indígenas a leer, escribir, contar y los formó en diferentes oficios, como zapateros, sastres, cerrajeros, carpinteros, encuadernadores, impresores, etcétera.

Preocupación de la monarquía fue la educación de los hijos de los caciques. Las Ordenanzas de Zaragoza (1518), dictadas por Carlos V, habían determinado que todos los hijos de caciques, menores de diez años, se entregasen "a los frailes dominicos o franciscanos, para que los dichos frailes les mostrasen a leer y escribir y todas las otras cosas de nuestra Santa Fe". Añadían que, después de permanecer junto a los religiosos durante cuatro años, debían ser devueltos a las personas que los hubieran dado.

Con esta medida se tendió, por un lado, a que los caciques de quienes dependían los pueblos indígenas, adquiriesen hábitos morales por influencia de sus hijos, y por otro lado se trató que los que en el futuro gobernaran y rigieran los pueblos autóctonos estuvieran educados cristianamente, a fin de que la civilización de los indígenas ofreciera garantías de perduración.

Tal como lo señaló Solórzano Pereyra, en su “Política indiana”:

Por lo que importa tener ganados para con Dios y para con nuestros reyes estos caciques, se ha mandado por muchas cédulas reales que se funden y doten colegios, donde sus hijos, desde sus tiernos años, sean instruidos con mucha enseñanza y fundamento en nuestra Santa Fe Católica y en costumbres políticas, en la lengua española y comunicación con los españoles, para que así salgan y sean, cuando grandes, mejores cristianos y más entendidos, y nos cobren más afición y voluntad, y puedan enseñar, persuadir y ordenar después a sus sujetos; todo esto con mejores disposiciones y mayor suficiencia.

El primer ensayo de un colegio para la educación de los hijos de los caciques se realizó con el establecimiento del Colegio Imperial de Santa Cruz (1536), del que fueron fundadores el obispo de México fray Juan de Zumárraga y el virrey Antonio de Mendoza. Colegios similares se establecieron en Tepotzotlán, Puebla, Guadalajara, Valladolid, Tezcuco, San Luis de la Paz, Bogotá, Quito, Lima, Cuzco, Charcas, Santiago de Chile y Chillán. En estos establecimientos se tendía a la educación, más que a la enseñanza; por eso la instrucción se limitaba a lectura, escritura, rudimentos de aritmética y canto.

Por el aprendizaje del español y la doctrina se tendía a formar a los niños para que después fueran los educadores de sus padres. Solución lógica, pues los niños —excelentes propagandistas— repetirían en sus hogares lo que se les hubiese enseñado. De ahí la necesidad de educarlos bien, para que ellos educaran a sus padres.

 

Las misiones jesuíticas.

En su tarea de educar a los indígenas, las órdenes religiosas tuvieron a menudo dificultades por las cuestiones que se plantearon con el poder civil y los colonizadores, cuyos intereses económicos se oponían muchas veces a la acción civilizadora de los evangelizadores. Por eso, como solución tendiente a asegurar la conservación de la masa indígena y secundar la colonización pacífica defendida por la Corona, se adoptó desde los primeros años del siglo XVII el sistema de las misiones, en el cual se destacaron, por la realización de una obra excepcional, los miembros de la Compañía de Jesús. Las misiones jesuíticas tuvieron como base la reducción de las tribus salvajes a la vida civilizada, por medio de la organización de los indios en reducciones, en las que el gobierno estaba en manos de caciques, alcaldes y regidores indios, bajo la superintendencia de sacerdotes jesuitas.

Esos pueblos, independientes de la autoridad del gobernador y del contacto con los encomenderos y colonizadores, fueron un poderoso medio de defensa de los indios. Ahí no se los explotaba con fines de lucro; por el contrario, se los acostumbraba a vivir en una organización, sometiéndolos a normas de trabajo y convivencia social, dentro de los principios de la religión católica. En medio de mil dificultades, los jesuitas redujeron en el Paraguay -lugar donde su obra alcanzó mayor florecimiento— más de treinta pueblos, a los que dieron una educación social y profesional.

Esta acción educativa persiguió un triple objetivo:

1°) Convertirlos al cristianismo;

2°) Incorporarlos a la cultura europea;

3°) Utilizarlos en la producción, obligándolos a trabajar para arrancarlos del vicio.

Los objetivos educativos perseguidos los alcanzaban los misioneros a través de un largo y difícil camino. Comenzaban por pacificar a los indígenas y reunirlos en las reducciones, imponiéndoles hábitos de orden y de disciplina. A cada familia indígena le adjudicaban una propiedad con su quinta, para que pudiera atender a su subsistencia. Luego los adoctrinaban en los principios de la religión católica. Para ello debían aprender el idioma de los aborígenes y buscar en él palabras o símbolos que les permitieran simplificar los misterios de la fe, para poder hacerlos más fácilmente comprensibles. Una vez vencida la dificultad idiomática, les enseñaban las primeras - letras y el canto popular y litúrgico, los iniciaban en diversos oficios y en industrias manufactureras y agropecuarias. Todos los indios debían trabajar tres días por semana en la tierra común, pero ésta no era una tarea penosa: duraba cuatro o cinco horas por día y era interrumpida con cantos y procesiones. En esta forma la pedagogía de la evangelización tendió al mejoramiento moral, intelectual y material de los indígenas.

La obra gigantesca que durante siglo y medio desarrollaron las misiones jesuíticas, de las que aún quedan rastros en nuestro país en las imponentes ruinas de San Ignacio (Misiones), fue interrumpida por la expulsión de la Compañía de Jesús, ordenada en 1767 por Carlos III. Los pueblos indios fueron entregados a funcionarios civiles, secundados en el orden espiritual por miembros de otras órdenes religiosas; pero, con la expulsión de los jesuitas se derrumbó la obra cultural y educativa que habían desarrollado. Desde entonces, por la explotación a que nuevamente fueron sometidos los indígenas, fracasaron todos los esfuerzos de los religiosos y no existió ninguna acción orgánica en favor del elemento aborigen (…)


Actividades:

  1. En su capítulo “Cultura y educación en la colonia”, PUIGGRÓS comenta sobre la discusión entre Sepúlveda y Las Casas respecto de la naturaleza de los indígenas. SOLARI, por su parte, agrega al debate el punto de vista de la reina Isabel de Castilla sobre el tema, ¿cuál era este punto de vista?
  2. ¿Qué decían las Leyes de Indias y cédulas reales con respecto al trato que debían recibir los indígenas por parte de los españoles?
  3. ¿Qué implicancia tenía para los indígenas el hecho de ser equiparados a menores de edad?
  4. ¿En qué consistían las instituciones de las reducciones, las encomiendas y los corregimientos?
  5. ¿A qué se refiere José María Ots cuando habla del divorcio entre el “derecho” y el “hecho”?
  6. ¿Solamente cuestiones relacionadas con el cristianismo se les enseñaba a los indígenas?
  7. ¿Qué aspecto de la educación reglamentaban las Ordenanzas de Zaragoza del año 1518?
  8. ¿Por qué los hijos de los caciques constituían una prioridad para los españoles a la hora de priorizar los destinatarios de la educación?
  9. ¿En qué lugares de América se establecieron los colegios para hijos de caciques?
  10. ¿De qué manera procedían las órdenes religiosas –en particular los jesuitas- para alcanzar sus objetivos educativos?
  11. ¿En qué se basa SOLARI para afirmar que “la pedagogía de la evangelización tendió al mejoramiento moral, intelectual y material de los indígenas”?
  12. ¿Qué misiones religiosas aparecen mencionadas en el texto?
  13. ¿Por qué SOLARI habla de las misiones religiosas en general como una “…solución tendiente a asegurar la conservación de la masa indígena y secundar la colonización pacífica…”?
  14. Para el mencionado autor existía un “triple objetivo” en cuanto al accionar evangelizador de las misiones jesuíticas. ¿Se cumplieron esos objetivos?
  15. ¿Qué decisión tomó Carlos III respecto de los jesuitas y qué consecuencias trajo esa decisión?

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