Migraciones internas en la Argentina:
Una definición ampliamente citada es la del Diccionario Demográfico Multilingüe de
Macció (1985), para quien la migración interna “…se define como el cambio de
residencia que efectúa una persona dentro de un país y que entraña el cruce de
un límite político-administrativo oficial” (Rodríguez Vignoli: 2004, 47). Se
debe tener presente, además, dos conceptos estrechamente vinculados: movilidad
y traslado.
La movilidad de una persona o grupo no necesariamente
significa un traslado y un traslado no es condición suficiente para que exista
una migración. La movilidad puede
traspasar un límite geográfico o no, cuando lo hace significa un traslado, y cuando este traslado implica cambio de
residencia territorial (permanente o semipermanente) se define como migración
(Busso, 2006: 4).
El traslado, por su parte, es un desplazamiento
que si bien traspasa un límite político-administrativo oficial, no implica
cambio de residencia. Por ejemplo:
vacaciones, paseos, trámites, tours de compras, estudios y/o trabajo cotidiano,
etc. A continuación presentamos en forma estilizada los tipos de movimiento que pueden darse en el territorio.
Categorización de la movilidad en el territorio.
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Nivel de complejidad
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Tipo de Desplazamiento
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Acciones que implica
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1°
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Movilidad
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Desplazamiento
que no traspasa límites político-administrativos oficiales, ni conlleva
cambio de residencia.
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2°
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Mudanza
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Desplazamiento
que si bien no traspasa límites político-administrativos oficiales, implica
cambio de residencia
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3°
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Traslado
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Desplazamiento
que si bien traspasa un límite político-administrativo oficial, no implica
cambio de residencia. Por ejemplo:
vacaciones, paseos, trámites, tours de compras, estudios y/o trabajo
cotidiano, etc.
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4°
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Migración interna
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Desplazamiento
que traspasa un límite político-administrativo oficial y además involucra
cambio de residencia (permanente o semi-permanente).
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Migraciones internas en la Argentina:
La distribución
espacial de la población es producto de procesos multidimensionales en los que
intervienen procesos globales, nacionales, regionales, y locales. Los países
experimentan permanentes redistribuciones espaciales, y Argentina no es la
excepción, pues “…se caracteriza por experimentar altas tasas migración y redistribución
espacial de su población” (Pizzolitto,
2006: 3).
En efecto, ya en tiempos coloniales nuestro país experimentó una redistribución espacial de la población cuando desde la fundación de Colonia Do Sacramento en 1680
Desde
fines del siglo XIX, hasta la década de 1930, la economía primaria exportadora
se nutrió principalmente de fuerza de trabajo de extranjera, tal como se indica en el apartado "la inmigración ultramarina". Desde esa fecha en adelante, fueron los migrantes internos y los de países limítrofes los que aportaron la mayor parte de la mano de obra.
Las Migraciones Internas empiezan a perfilarse en forma incipiente, vinculada con el crecimiento
del sector terciario urbano. Así, en el Censo Nacional de 1869 se registra una
migración interna del 8%. En los siguientes censos nacionales, de 1895 y 1914,
se registran cifras idénticas entre sí (10%) pero superiores a la del primer
censo de 1869 (Pizzolitto, 2006: 11).
Sin embargo,
como fenómeno demográfico relevante, la M.I data de las décadas de 1930 y 1940,
y se vincula con la urbanización ligado a la industrialización sustitutiva de
importaciones, implementada con posterioridad a la crisis mundial de 1929.[1] La crisis brinda impulso a la industria
argentina, especialmente en los rubros de alimentación, vestido y vivienda… En
1934 y hasta 1942, el sector industrial representa un 20 por ciento del PBI
(Girbal-Blacha, 2001: 44).
El Estado se vale del control de
cambios, el cierre de las fronteras a los bienes externos sustituibles y la
defensa de los precios de los productos agropecuarios. Desde mediados de los
’40, el peronismo profundizó el intervencionismo, imprimiéndolo un sello
redistributivo. Los rubros más desarrollados de esta fase de la ISI, fueron los
de consumo popular, es decir los de la industria liviana como alimentos, y
bebidas, textiles y metalurgia (maquinaria agrícola básica y algunos artefactos
para el hogar).
Esta
nueva estructura económica modificó los movimientos demográficos de nuestro
país. Las migraciones internas adquirieron una importancia que no tenían,
mientras que los ritmos de la inmigración ultramarina disminuyeron. La
migración rural-urbana cobra mayor importancia, y en el Censo de 1947 los
nacidos en provincias distintas al lugar donde fueron censados ascienden al 17
%.
Si
bien el grueso de la migración interna en el período de la ISI, se dirigía
hacia centros industriales como el Gran Buenos Aires, Córdoba y Rosario, también
es verdad que amplios grupos humanos que no hallaban tierra suficiente para sus
actividades agropecuarias –alentadas por el mismo modelo económico- en otras
provincias o territorios nacionales como Corrientes, Entre Ríos, Chaco, etc.,
emigraron a Formosa, atraídos por la disponibilidad de tierras fiscales.[2]
Entre las décadas de 1940 y 1970, el aporte de la migración interna en el
poblamiento de gran parte de Formosa fue fundamental. Y el espacio geográfico
que aquí estudiamos (el Km. 142) se transformó en área de atracción.
Pero desde
mediados de los ‘70, se empieza a configurar otro patrón de distribución
territorial de la población, aunque estos procesos ya habían empezado a
manifestarse desde los ‘50. La migración rural-urbana deviene en secundaria, y
las inter urbanas e intrametropolitanas adquieren mayor importancia (Busso,
2007: 2). En nuestra U.E, en cambio, la migración rural-urbana sigue siendo predominante
hasta fines de los 90. Algunos territorios que antaño constituían ámbitos de
destino de determinadas corrientes de M.I, empiezan a ser origen de las mismas,
pasando de la atracción a la expulsión. Esta es la situación de Formosa.
[1] Por esta crisis, “…los estados comenzaron a
levantar barreras cada vez mayores para proteger sus mercados nacionales y sus
monedas frente a los ciclones económicos mundiales (…), la Gran Depresión
desterró el liberalismo económico por medio siglo” (Hobsbawm, 2007: 101).
[2] La inmigración limítrofe del Paraguay también
aportó durante esta etapa al poblamiento de la subregión donde se asienta
nuestra unidad de estudio con “…un masivo asentamiento de familias paraguayas
que ocupan ‘de hecho’ la tierra y se convierten en minifundistas.” (Prieto,
1990: 41)

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