Conquista del "desierto" y ampliación de las fronteras productivas


Con la errónea denominación de "conquista del desierto" se conoce en la historia argentina a una serie de expediciones militares llevadas a cabo por durante el siglo XIX y primeros años del siglo XX en territorios habitados por pueblos indígenas.



Desde épocas coloniales los funcionarios españoles eran celosos protectores de las llamadas “fronteras interiores” del imperio, construían para esta finalidad líneas de fortines y guarniciones custodiadas por cuerpos de blandengues para resguardar sus ciudades, asentamientos y caminos del posible ataque indígena.
Cuando a principios del siglo XIX los rioplatenses y el resto de la América Latina cortaron los lazos coloniales que los ataban a la Península Ibérica, los indígenas se libraron del cepo español, pero quedaron atrapados por el yugo de los incipientes Estados nacionales, tanto o más sanguinolento que aquél.  
En la segunda mitad del siglo XIX los nacientes Estados entraron en una fase de organización político-institucional y también económica con miras el mercado capitalista internacional que se hallaba en plena expansión. La división internacional del trabajo ya había determinado el rol de las economías periféricas: exportar materias primas agropecuarias, minerales y forestales e importar productos manufacturados, para sus crecientes mercados internos, y divisas para inyectar sus aparatos productivos.
Quizá con el apoyo moral de las teorías antropológicas que a la sazón se hallaban en boga en Europa, y con el incondicional apoyo financiero de los terratenientes de la Pampa Húmeda, en los últimos años del gobierno de Nicolás Avellaneda, con Julio Argentino Roca como ministro de Guerra, se inició la llamada conquista del “desierto.”
Las huestes se dirigieron primero a los “desiertos” patagónicos, después les llegó el turno al “desierto” de la región chaqueña. Nótese que el término “desierto” no tenía un significado solamente físico-geográfico, sino más bien un fuerte contenido etnocéntrico, o peor aún, etnocida. Al negársele la condición humana a los indígenas ya estaba dado el primer paso para la justificación de su exterminio.  
La "cuestión indígena" tampoco era algo novedoso. Las  autoridades coloniales primero y las del naciente estado nacional después diseñaron y ejecutaron diversas estrategias que buscaban dar solución a este “inconveniente”; por lo general dichos intentos no resultaron muy eficaces. Ya en las postrimerías del proceso de formación del Estado nacional, siendo presidente Nicolás Avellaneda (1874 – 1880), se pusieron en práctica dos planes, uno defensivo y otro ofensivo.
En 1876 el ministro de Guerra Adolfo Alsina fomentó la construcción de una zanja de tres metros de ancho por dos metros de profundidad[2]. La zanja estaba acompañada de la excavación de trincheras para apostar soldados, fundación de nuevos fortines y tratados de paz con algunos jefes indígenas.
Pero la muerte de Alsina en 1877 puso fin a sus planes y dio lugar o un proyecto más ofensivo. Como su reemplazante en el Ministerio de Guerra es designado un militar de amplia trayectoria, Julio A. Roca.
El flamante ministro “consiguió que el gobierno proveyera fondos para juntar suficientes tropas como para establecer de manera definitiva la soberanía de la Argentina en las vastas zonas habitadas por el indígena” (Di Tella, 1993: 116). La conquista se realizó en forma simultánea hacia el sur y hacia el norte. 
Tanto Roca y Avellaneda, como el conjunto de la elite que gobernaba, eran conscientes de que un estado que no hace efectivo el poblamiento del territorio que proclama suyo arriesga su soberanía. Conocían además las ambiciones chilenas sobre la Patagonia. Y por aquella época Chile “…estaba (…) empeñado en una controversia con Bolivia y Perú… Ese conflicto estalló unos años más tarde en (lo que se llamó) la Guerra del Pacífico 1879 – 1883” (Di Tella, 1993: 115).
La situación era propicia entonces para lanzar la ofensiva  “…contra los pocos y mal armados, aunque aguerridos miembros de las huestes del cacique Namuncurá” (Ibídem: 115). El ejército expedicionario partió al mando del propio Roca el 16 de abril de 1879 con una fuerza de 5000 hombres. La  campaña fue relativamente breve y para  mayo de ese mismo año estaba oficialmente concluida incorporándose inmensas cantidades de tierras al dominio del Estado.
“El indio y el blanco se disputan el Chaco central…La tierra era el objetivo y su posesión la clave” Con estas precisiones más que sugestivas inicia Prieto su “Ciclo Militar” (1879–1917).
La conquista territorial de la región chaqueña no constituye un hecho circunscripto a estas latitudes. Hacia  fines de la década de 1870 el poder central puso  en marcha, simultáneamente hacia el Sur y hacia el Norte, la denominada Campaña del “desierto”.
Para hacer efectiva la ocupación de la inmensa geografía nacional y al propio tiempo ampliar la frontera  productiva la lógica militarista de la elite gobernante decidió: despojar al aborigen de la posesión real de la tierra, ya que éste era considerado sinónimo de “atraso” y de “obstáculo para el progreso”; el exterminio era el precio que debían pagar por ello.
La región chaqueña, como se ha dicho anteriormente, también fue objeto de la llamada conquista del “desierto”.[3] “El dilatado espacio geográfico chaqueño abarcaba un territorio que iba desde los bordes orientales de las sierras subandinas y pampeanas al Oeste hasta la depresión Paraguay - Paraná al Este, y desde el río Pilcomayo hasta la degradación del bosque subtropical, hacia los 30 grados de latitud sur aproximadamente” (Carlino, 2009: 2).
Cuatro meses después que Roca y sus 5.000 hombres partieran hacia el Sur, es decir en agosto de 1879, el Coronel Manuel Obligado partió de Reconquista al frente de una expedición que tuvo varios enfrentamientos con los nativos en el interior chaqueño.
Le siguió otra campaña en 1882 ordenada por el Ejecutivo Nacional. La misma partió de Salta y estaba comanda por  el coronel Juan Solá.
En 1883, ya durante la presidencia de Roca, el nuevo Ministro de Guerra y Marina, Coronel Benjamín Victorica, le ordena al gobernador del Chaco Francisco Bosch realizar una campaña al Chaco Central, es decir a lo que hoy es Formosa. Las instrucciones de Victorica eran precisas:
…practicar reconocimientos en el interior del territorio, buscando puntos más apropiados para situar  destacamentos de ocupación militar y de protección a las colonias y obrajes establecidos en las márgenes del Paraná.[4]
En 1884, Victorica, personalmente, tal como lo hizo Roca en su momento, condujo la ejecución de su plan que buscaba ocupar militarmente la región chaqueña para asegurar su definitiva incorporación a la jurisdicción estatal. El objetivo principal que tenía Victorica era construir la denominada “línea del Bermejo” que consistía en una serie de fortines en ambas márgenes del río.
“El balance del año 1884 fue sumamente satisfactorio para los objetivos del Gobierno, dice el informe oficial: se arrebataron 5000 leguas cuadradas a los aborígenes… y se elevó a trece el número de fortines que resguardan la seguridad de los colonizadores”.
Entre 1884 y 1917 hubo una serie de campañas militares entre las cuales podemos mencionar: las de 1885, a cargo del coronel Gomensoro; las de 1900 ordenada por el Ministro de Guerra y Marina Lorenzo Winter a raíz de que en 1898 y 1899 malones indígenas atacaran las estancias La Florencia en Formosa y La Sabana en el Chaco; entre 1908 y 1910 hay dos campañas más comandas por los coroneles Teófilo O’Donnel y  Enrique Rastagno respectivamente; otras campañas se llevan a cabo entre 1914 y 1917 al mando del teniente coronel Alejandro Fernández.[5]



[1] El término “desierto” no tenía un significado solamente geográfico, tal cual ocurre actualmente, sino más bien un fuerte componente ideológico, ya que le negaba la existencia humana de los indígenas, lo cual constituía el primer paso para la justificación de su muerte.  
[2] La zanja debía cubrir una extensión de 600 Km., desde Bahía Blanca (sur de Buenos Aires) hasta el sur de Córdoba. Su trazado “…corría aproximadamente cerca de la frontera actual entre las provincias de Buenos aires y La Pampa”. Pero sólo se alcanzaron a construir 374 Km. (Di Tella, Op. Cit., 1993: pág. 116)  
[3] Aunque en la mayoría de los libros escolares sólo se hace referencia a la que se llevó a cabo hacia el sur. Véase por ejemplo: García, Lía Claudia (2002) Historia Argentina, cambios y permanencias (1516-2000). Editorial STELLA, que sólo le dedica 2 renglones y medio. Página 186.   
[4] Como miembro de la comisión científica de esa expedición viajaba el fundador de la ciudad de Formosa Luis Jorge Fontana.
[5] Basado íntegramente en Prieto A., Op. Cit. p.p. 37  a  39. Un dato con el cual  nos hubiera gustado contar es: en cuál de estas expediciones participó efectivamente el Mayor Vicente Villafañe.

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